|
|
GEORGES
BRASSENS OTRAS CANCIONES
|
|
Elégie à un rat de cave
|
Elegía a un
ratón de cabaret (1) Nadie habría creído a
ese tonto, Al profetizar que,
desgraciadamente, Mi pobre ratoncito de
cabaret Tú desembarcarías
antes de tiempo. Tú no eras de los que
cambian de idea Y todos lo sabíamos, De los que abandonan
el barco Y tu eres el primero
que lo has hecho. Ahora amiga, que
estás secuestrada En el fondo de los
cielos, Que me disfrazo en
cantante de orquesta Para tus bellos ojos, Al irte, amiga, te lo
aseguro Has llenado de pena
nuestro interior Aunque no hayamos
puesto un crespón en Nuestras gaitas
sinvergüenzas. Munca me han visto, tienes
que darte cuenta, Es una primicia, Partir un piñón con
una orquesta, Es en tu honor. Has de saber también
que al escuchar a Bechete Buena ocurrencia, se
ha visto, por la noche, A tu fantasma que
brincaba a escondidas, En la calle de Vieux
Colombier. A tu fantasma que
brincaba a escondidas, En la calle de Vieux
Colombier. Sin decir “hasta la
vista, amigos”, Pero no te lo tomamos
en cuenta, Como quien no quiere
la cosa, te fuiste A hacerte un hueco en
las nieves de antaño, En adelante, y no es
un cuento, Entre Flora, Jeanne,
Thaïs Incluyo tu nombre en
la balada (2) De las bellas damas
de antaño. Ahora, amigo, que te
has hecho un lugar Entre los gentiles, Que te has
reencontrado, para la fiesta eterna, Con Papa Zutty, Calientanos el sitio
a todos lo viejos amigos, A éste, a aquél, y a
Luter y a Longnon Y a este barrigón de
Moustache, Tus fieles
compañeros. Si es buena gente,
¿porqué Dios, Allí arriba haría Ninguna diferencia
entre Saint-Pierre Y Saint-Germain-des-Prés. De todo corazón esperamos
que en ese Paraíso
misericordioso Brillen para ti días
que bailen Donde no hay buen
Dios, Brillen para ti días
que bailen Donde no hay buen
Dios. (1)
Cave: Habitación
acondicionada como cabaret, sala de baile, etc. (2) Ballade des dames du temps jadis: Título de una canción
del primer disco del propio Brassens. |
|
|
Mamá, Papá
Mamá, mamá, al hacer esta canción, Mamá, mamá, vuelvo a ser un niño, Entonces soy bueno en clase Y, para hacerte feliz, Saco las mejores notas, Tu deseo. Mamá, mamá, prefiero, a mis juego alocados, Mamá, mamá, quedarme en tu regazo, Y, sin decir nada, oír tus canciones
encantadoras, Mamá, mamá, mamá, mamá. Papá, papá, al hacer esta canción, Papá, papá, vuelvo a ser un niño, Y te oigo, en los malos momentos, Usando todo tu buen humor, Para darles coraje A nuestros corazones cansados. Papá, papá, no hubo entre nosotros, Papá, papá, ni ternura ni palabras tiernas, Sin embargo nos queríamos, aunque no nos lo
dijésemos Papá, papá, papá, papá. Mamá, papá, al hacer esta canción, Mamá, papá, vuelvo a ser un niño, Y, gracias este artificio Comprendo de pronto El precio de vuestros sacrificios. Padres. Mamá, papá, siempre sentiré, Mamá, papá, haberos hecho llorar, En aquel tiempo en que nuestros corazones no se
comprendían aún, Mamá, papá, mamá, papá. |
|
|
La visita
No eramos unos Barbaazules, Ni unos don nadies, ni unos sarnosos, Portadores de parásitos. No eramos espadachines, Veníamos del país vecino. Veníamos de visita. No teníamos intención De racia ni de depredación, Ningún fin ilícito. No veníamos a saquear su casa, No veníamos a zamparnos su huevos, Veníamos de visita. No lanzábamos gritos de indios, Llegábamos con corrección Y con un paso titubeante. No empuñábamos pistolas, Llegábamos con los brazos abiertos. Veníamos de visita. Pero ellos se metieron en sus agujeros, Echaron los cerrojos Con un acuerdo tácito. Cerraron los postigos, Ocultaron sus mujeres, sus niños, Rehusaron la visita. No veníamos a sermonearlos, A intentar adoctrinarlos, A ocupar su territorio. Veníamos a decirles, al pasar, Un “buenos días” inocente, Veníamos de visita. Veníamos para presentarnos, Veníamos para frecuentarlos, Para que llegaran a un acuerdo, Con la esperanza de ser admitidos Y naturalizados como amigos. Veníamos de visita. Por desgracia, no han deseado Nuestra superflua amistad Que no pedía nada a cambio. Y hemos cerrado las manos, Y hemos desandado el camino, Suspendido la visita. ... Suspendido la visita. |
|
|
El manitas Durante los raros
momentos de descanso, En los que no está
reparando algo, Busca el rincón
disponible donde Se pueda clavar aún
un clavo (caja de herramientas) El clavo que clava en
el lugar Del clavo de ayer, lo
reemplazará Mañana por un clavo
mejor, Lo mismo que
anteayer, por otro lado. (Refrían) Dios mío, ¡qué
felicidad! Dios mío, ¡qué
felicidad, Tener un marido
manitas! Dios mío, ¡qué
felicidad! Dios mío, ¡qué
felicidad Tener un marido
manitas! Caja de herramientas. En el curso de uno de
mis embarazos, Delante de él yo
echaba pestes sin parar Contra la increíble
carestía De una canastilla de
bebé. Pero cuando el niño
vino al mundo, Comprobé con una
profunda alegría Que mi marido se las
había apañado Para hacérmelo ya
vestido. Refrain. En estos momentos,
está fabricando Un nuevo sistema
eléctrico, Que va a permitir a
los hombres, por fin, De hacer agua usando
vino. Pero se equivoca en
sus cálculos, Y cuando queremos
beber de la máquina Ocurre que nos
tragamos Un gran vaso de
electricidad. Refrain. Como teme que algunos
canallas Deseen sus cepillos,
sus tenazas, Al acostarse, las
coloca En medio del lecho
conyugal. Y a menudo, por la
noche, me despierto, Soñando con las
maravillas Que anuncian un roce
picarón, ¡Pero no es más que
un berbiquí! Dios mío, ¡qué
tristeza! Dios mío, ¡qué
tristeza, Tener un marido
manitas! Dios mío, ¡qué
tristeza! Dios mío, ¡qué
tristeza Tener un marido
manitas! |
|
Ell' n'avait pas fini de chanter le panégyrique L'œil fou, l'écume aux dents, ces furies se jetèrent en
meute La mode du radis réduisant le nombre de mères Sera livrée aux mains d'une maîtresse couturière |
Los rábanos
Todos saben que antaño, a las mujeres culpables de adulterio, Se les metía, por un sitio que no puedo nombrar por modestia, Un enorme rábano. Y así, cuando yo era un niño, un día de feria en mi pueblo, Tuve la desgracia de ver cómo se castigaba la perfidia de una
esposa voluble, Por medio de un rábano. La desgraciada fue arrastrada a la plaza pública Por el cruel cornudo, armado del rábano simbólico, ¡Ah! Sapristi, por mi abuelo, ¡Qué rábano! Hacia la pobre mártir vimos correr a la buenas esposas Que, dicho sea entre nosotros, estaban celosas de sus deslices. Y no he dicho: Celosas del rábano. Si yo formaba parte de esta ávida y ordinaria tropa, Es porque en esa época yo no había visto aún ninguna nalga Ni rábano. Eso me estaba prohibido. El cornudo esperó a que la plaza estuviese repleta de gente Para proceder al cumplimiento del inmundo empalamiento, Entonces brandió El colosal rábano. La víctima aceptó el castigo con nobleza, Pero hay que decir que apretaba bien fuerte las nalgas Que, del rábano, Iban a ser abastecidas. El cornudo puso el rábano en ese lugar que tengo que callar, Donde la gente honesta no deja entrar más que las lavativas. Aplaudimos El progreso del rábano. La hoja de la legumbre era lo único que se veía ya, La planta había llegado hasta los límites de lo posible, Esperábamos Los efectos del rábano. Y entonces, para asombro del cornudo y de las gordas pécoras La empalada encantada gritaba: “¡Más, más, más, Duro, duro, Empuja el rábano, venga!” Ella dijo gritando: “¡Nunca hubiese creído que tal suplicio Pudiese provocarme tanto placer en tan poco tiempo! ¡Pero los rábanos Llevan al paraíso!” Todavía no había terminado de cantar las virtudes De la legumbre en cuestión cuando todas las lúbricas pécoras Habían salido corriendo Hacia los campos de rábanos. Fuera de sí, con espuma en la boca, aquellas furias se lanzaron
en tropel A los campos de rábanos que se convirtieron en campos de batalla. ¿Habrá rábanos para todas? Causaron un desastre y dejaron tras de sí Los daños causados por una plaga de langosta. En todo el país Ni sombra de un rábano. Muchos hortelanos se dieron cuenta que también Les faltaba una cierta cantidad de remolachas y de pepinos Saqueados pardiez Como los viles rábanos. Todo el tiempo que duró esta manía contra natura, No hubo un pobre rábano que pudiese madurar, Pobres rábanos, Héroes de tragedia. Cansados de ser introducidos en ese sitio que no puedo nombrar Los más inteligentes de estas legumbres pensaron. Se dijeron: “¡Dejemos de ser rábanos!” Entonces, los hortelanos que sembraron rábanos, recogieron
melones, coliflores, alcachofas, patatas Y ortigas Pero ni un solo rábano. A partir de ese día, la buena hortaliza Se convirtió en el pueblo en uno de los productos más caros. Se acabaron los rábanos Para los pobres. Algunas astutas pécoras dijeron sin contemplaciones: “Nosotras pasamos de esta penuria, empleamos sucedáneos de
rábanos Que nos salvaguardan De su carestía. Como la moda de los rábanos reducía el número de madres Que daban descendian al pueblo, el alcalde, Con un edicto Prohibió el rábano. Un pregonero anunció: “Toda mujer descubierta, metiendose en el
sitio reservado a las lavativas y al termómetro Algo que se parezca a un rábano Aunque sea de mentira Será entregada a una maestra costurera Que, sin dilación, le coserá el trasero Para impedirle El acceso al rábano”. Esta ley draconiana surgió por el uso anormal De tragarse el rábano por otras vías que no por la boca Y el rábano La legumbre maldita, No fue en adelante, instrumento de bajas maniobras Y no entró ya más que en la composición de los entremeses Que, al medio día, abren el apetito. |